Circular de la Directora general por la fiesta de San Antonio Mª Claret

Muy queridas hermanas en el Corazón de María y de Claret:

Junto a toda la Familia Claretiana nos preparamos para la celebración de la fiesta de nuestro Santo Fundador, en este tiempo de gracia que el Señor nos concede por su mediación.

San Antonio María Claret es un hombre típico del siglo XIX, pero su figura parece agrandarse al contemplarla a la luz de nuestro siglo, mostrándonos su don de profecía…

Por las múltiples y diversas empresas que acometiera, así como por lo arriesgado de las mismas, y por los medios de los que se sirviera. Porque su actividad imprime a su espiritualidad un sello propio: es una espiritualidad
rigurosamente mística, que hace de nuestro Santo un verdadero místico de la acción. Y, porque con la abundancia de bien trató de ahogar el mal. Aquí encontramos el secreto de la admiración que ha despertado hoy, como un eco de la que despertara en su tiempo, aun en medio del odio y de las persecuciones de que fuera objeto por sus denuncias proféticas y su denodada lucha contra los que él llamaba “males de España y males de Cuba
.”


Sí, Claret, como los verdaderos profetas, sufrió el odio y la persecución no solo en vida, sino también después de su muerte. Por ello, la canonización del Fundador, Arzobispo y confesor de la Reina, llevaba implícita la reivindicación histórica de su persona.


El Padre Claret llegó a nuestra generación deformado por una caricatura, como figura arcaica, intransigente, indigna de una consideración intelectual o científica… [sin embargo] Claret percibe anticipadamente la angustia de un mundo que empieza a desconfiar de las soluciones intelectualistas, y se encuentra, frente a frente, con el problema de la vida misma. Sobre la vida trata de operar él, esperando todo de la “conversión”.
No es una figura trasnochada, él no se ha movido de su sitio, pues sostuvo
valientemente la lucha de la Iglesia por la dignidad humana: como en el pleito de los matrimonios en Cuba, defendiendo la libertad sacramental frente a la intromisión abusiva del Estado, preservando la intimidad de las conciencias, preocupándose por la ciencia y la cultura…
El Padre Claret se coloca en esa moda sobre toda moda, que es estar inserto en valores de eternidad. La eternidad es la moda de Dios. Así su figura, inserta entre eternidades, tiene algo que decirnos a los hombres de hoy…
”.

En efecto, en la vida de San Antonio María Claret encontramos el paradigma del profetismo que necesitamos en nuestros días, es decir, testimoniar, como él, la primacía de Dios y el profundo respeto al otro –incluso a los enemigos– el diálogo y la comunión, la consolación y la colaboración, la acogida y el servicio, la fraternidad universal y la solidaridad, la vivencia de las bienaventuranzas evangélicas frente a las idolatrías del mundo…

Llegada a este punto, caigo en la cuenta de la claridad con que nuestro Fundador nos señala, desde el ejemplo de su propia vida, los hitos del camino que ha de trazar para el próximo sexenio nuestra XI Asamblea General, en cuya preparación inmediata estamos inmersas de lleno. Siguiendo el orden de los párrafos de esta carta, creo que podemos anotar:

  • No perdamos nunca la capacidad de arriesgar.
  • Recordemos siempre que estamos llamadas a una espiritualidad de místicas en la acción. Desde la contemplación todo adquiere su más genuino sentido.
  • Avivemos la certeza de sólo la abundancia de bien puede ahogar el mal.
  • Ser fermento en el mundo sólo es posible desde la conversión personal.
  • No temamos empeñarnos con la Iglesia en la lucha por la dignidad humana.
  • Avivemos la conciencia de que hemos de insertar en el mundo valores de eternidad.
  • Nuestra mejor “arma” para luchar contra las idolatrías del mundo, es la vivencia de las bienaventuranzas.
  • La verdadera profecía nace de Dios, de la amistad con Él, de la escucha atenta a la Palabra.
  • El testimonio profético exige discernimiento, comunión eclesial, escudriñar nuevos caminos.

Todas las Hijas del Inmaculado Corazón de María, junto a la Familia Claretiana, pedimos a nuestro Padre y Fundador, que nos alcance la gracia de vivir la verdadera profecía.
¡Santa y bendecida fiesta de san Antonio María Claret y Clará!

María del Mar Álvarez



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