Formación y documentos

La formación permanente es una exigencia intrínseca de toda consagración. El proceso formativo no se puede reducir a la fase inicial, puesto que la persona ha de ir madurando durante toda su vida hasta llegar a ser esa mujer nueva que experimente dentro de sí los mismos sentimientos de Cristo.” (VC 69 a)

“Si, en efecto, la vida consagrada es en sí misma una progresiva asimilación de los sentimientos de Cristo, parece evidente que tal camino no podrá sino durar toda la vida, para comprometer a toda la persona, corazón, mente y fuerzas (cf. Mt 22,37), y hacerla semejante al Hijo que se dona al Padre por la humanidad. Concebida así la formación, representa un modo teológico de pensar la misma vida consagrada, que es en sí formación nunca terminada…

Por tanto es muy importante que toda persona consagrada sea formada en la libertad de aprender durante toda la vida, en toda edad y en todo momento, en todo ambiente y contexto humano, de toda persona y de toda cultura, para dejarse instruir por cualquier parte de verdad y belleza que encuentra junto a sí. Pero, sobre todo, deberá aprender a dejarse formar por la vida de cada día, por su propia comunidad y por sus hermanos y hermanas, por las cosas de siempre, ordinarias y extraordinarias, por la oración y por el cansancio apostólico, en la alegría y en el sufrimiento, hasta el momento de la muerte.”(Caminar desde Cristo, nº 15)